En una onda reduccionista, cavilando por todas las cosas que me han sucedido y dejado de suceder, y analizando el comportamiento de cada una de las personas que me rodean, que me hablan, me hieren, me tocan, me halagan, me quieren, y derivados, llegué a la conclusión de que la gente es capaz de adoptar dos estados cuando están en una relación: El de los que saben amar, y los que saben ser amados.
Puede parecer muy absoluto, pero procedo a explicar. Una persona que sabe amar, es aquella que se preocupa por el bienestar de la otra persona. Lo atiende, le da importancia, presta atención a detalles que llenan de felicidad a la otra persona. Este tipo de personas no necesariemente siempre es romántica o detallista. La característica fundamental que lo identifica es que sabe QUE NO ESTÁ SOLO, entonces está pendiente del otro, sin importar el cómo. Suele herirse un poco al encontrarse con alguien que no ama como él, dependiendo del nivel de atención y exigencia mínima que demande.
El que se sabe dejar amar, es muy cariñoso, claro, pero la mayoría de las veces en la medida que lo son con él. No tiene problemas en recibir la atención, ser el centro del universo del otro. Quizá se ofusca un poco... Quizá... no se... cada uno hace pagar el precio distinto por su desatención...
El punto, es que una persona puede adoptar ambos estados en una relación. Ser el que ama en las buenas, el de la iniciativa, quien carga las armas en las batallas, lucha con coraje las imposibilidades, arrastra cadáveres de esperanzas hasta la ambulancia, etc. Y ser al mismo tiempo (o despues) el que se deja amar, esto es, el que no se incomoda ante las sorpesas, ante el cariño, el que aplaude desde la banca al que lucha, pero nunca entra a la arena tampoco. Esto está bastante bien. En una relación todo es una especie de canje. El amor es una moneda en ese país de dos ciudades, en la que los primeros días de democracia, el flujo es inminente, pues uno tiene a la mano lo que el otro necesita: "Hug me... Kiss me... tell me you love me and you'll never leave me alone..."Ambos demandan lo mismo, ambos dicen lo mismo, y se corresponde la necesidad...
Pero hay veces tambien, que uno quiere besos... y el otro abrazos. Uno quiere espacio, y el otro tiempo. uno quiere compañía, y el otro no...
El amor, es un contrato que justifica las acciones siguentes. "¿Me amas? Dame un beso. ¿Me amas? Hug me then, kiss me then, tell me you love me and you'll never leave me"... En cuanto alguien deja de hacer algo que solía hacer, o que no le debería incomodar hacer, empieza la duda. "¿Me amas? que sucede?" Y la víctima, que recurre a lo mismo "¿Me amas? Estoy cansado(a). ¿No confías en mí?..."
Esto no es de los noviazgos... no es de los 15's, de los 20's, de la fiebre del amor en apogeo. Esto es de matrimonios, de divorcios, de despedidas en las que una de las partes murmura para sí en la soledad de su cama: "¿que pasó con el amor? ¿No me amaba?..." De incopatibilidad de las partes. Decepción para aquellos que amaron, y no se dieron cuenta que no supieron ser amados. Desgracia para los que se dejaron amar, y se les fue el otro porque no supieron amarlo... Que vea cada uno las posibilidades, y deduzca cual caso se asemeja mas al suyo.
Me gusta pensar que nuestro caso, ventana de mis serenatas, es que ambos supimos amar, sólo que tú sabias ser amada por mí, y yo nunca supe ser amado por tí... Ni bajo ese contrato tan fiel y arrugado que dice en la letra menuda: amigos por siempre.
Rafa
martes, 29 de enero de 2008
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